Resumen

En la práctica de gestión de proyectos, se producen con frecuencia situaciones donde, a pesar de la existencia de una formación profesional común, sólida y probadamente eficaz, que permite obtener resultados racionales e incontrastables, alguien genera una motivación que moviliza nuestra parte irracional o afectiva. Si este consenso “posfactual” se replica, retroalimenta y viraliza entre los integrantes del equipo de modo similar a cuando se acumulan Likes o Me Gusta de Facebook o Twitter, se genera la idea común de que, si todos opinamos lo mismo y ponemos voluntad (muchos Likes), se puede lograr los objetivos, aunque nuestros análisis racionales digan algo diferente. Este “nuevo” consenso, o “posverdad” es una de las batallas diarias con que debe lidiar el gerente de proyectos.

Por Lic. Mirta Difranco, PMP, Profesora del curso Project Management – IEEC

La novedad de la posverdad

El otro día haciendo zapping escuché por primera vez el término “posverdad”, y realmente no entendí el concepto. Creí adivinar que se trataba de la verdad después de la verdad (como si el sufijo “pos” quisiera significar“posterior”), pero no era así. Y nuevamente San Google pudo ayudarme.

Parece que es un término que se utiliza en política y que se puso de moda muy recientemente, hasta fue designada como la palabra del año 2017 por un diccionario muy conocido de Oxford.

Oxford define posverdad como el fenómeno que se produce cuando “los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales”.

Y ahí no pude parar de encontrar ejemplos en las vivencias que tenemos aquellos que gerenciamos proyectos.

He tratado de encontrar (y no pude) algún gerente que no haya tenido una experiencia como la siguiente: El día de comunicación del avance del proyecto el gerente se sienta a la mesa de la sala de reuniones, confiado y tranquilo de saber que “hizo todos los deberes”, y que compartió con varios de los gerentes presentes el análisis que va a presentar, a partir del cual todos estuvieron de acuerdo en plantear un cambio de fecha. En la reunión frente al “Jefe de Jefes”, el gerente de proyecto muestra  todos los números, el análisis de riesgo, los indicadores de rendimiento de costos y de plazos, y el análisis del cambio solicitado, etc. Hasta que, cuando expresa que en base a todos esos análisis se debe definir una nueva fecha de salida en vivo, el super-gerente de turno lo mira a los ojos y le dice:

“has hecho un gran trabajo, valoro muchísimo tu esfuerzo, todo está maravillosamente explicado, pero yo me comprometí con el directorio con una fecha, y SE que vas a poder lograrlo. Tienes todo mi apoyo”.

Y a partir de ahí todos los presentes sienten que se puede lograr. Como si el deseo tan sentido y tan profundo del jefe supremo generara un halo de fe en todos los presentes que los hace sentir que se van a iluminar y así avanzarán triunfantes hacia la tan ansiada meta, a pesar de lo que digan todos los análisis racionales expuestos. 

Realidad o voluntarismo

O sea, los hechos objetivos influyen menos en la opinión general que la creencia personal (y difundida a sus súbditos) del “rey” de la mesa de reuniones.

La sensación de luchar contra la corriente y explicar nuevamente cada uno de los números, tiempos, recursos, el análisis de riesgos, y contrarrestar cada expresión emocional con la bajada a tierra correspondiente, siempre con buena onda y espíritu deportivo, es una tarea terriblemente desgastante para el gerente de proyecto, pero no hay que sucumbir.

Una explicación para este fenómeno donde “lo que siento/creo” vale más que “lo que puedo comprobar”, puede estar basada en esta tendencia muy fuerte en las redes sociales donde se mide la fuerza / verdad de un comentario por la cantidad de “likes” que obtuvo. Sin importar la fuente, la veracidad o las implicancias de lo que se está “likeando” o apoyando.

Este fenómeno pone a prueba todas las creencias que nos fueron inculcadas cuando nos estábamos formando como profesionales. En ese momento, para saber de qué se trataba algo, había que investigarlo, dedicar tiempo a buscar la información, analizarla, etc. Hoy existen grandes motores de búsqueda en internet que nos exponen en cuestión de segundos las posibles respuestas, las cuales tomamos como verdaderas, pero lo que no deberíamos olvidar es que lo que nos muestra primero es lo más popular, o lo más consultado, o peor aún, nos muestra primero aquello por lo que alguien pagó para que se muestre primero. Lo que hace que las primeras opciones que tenemos no siempre son las “objetivas”, si no aquellas que alguien quiere que sean las más populares.

Algo similar sucede en la sala de reuniones, si hay muchos “likes” para el sentimiento recién expuesto por el jefe, se dispersa la fuerza de la verdad objetiva y se revalora la intención, las ganas, el empuje…y que el gerente de proyecto después vea como lo logra.

Quizás sea el momento de crear una cuenta de Twitter, exponer los valores objetivos y esperar que los asistentes a la reunión ¡lo re-twitteen!

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About Author

Docente a cargo del área de Project Management del IEEC. Licenciada en Sistemas de Información (UTN), MBA en Dirección de Empresas (UADE), PMP (PMI).

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